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Una historia para compartir

10
Oct

Una historia para compartir

En la primavera de 1871 un joven tomó un libro y leyó 22 palabras que tuvieron un profundo efecto en su futuro.

Estudiante de medicina en el Hospital General de Montreal, estaba preocupado por sus exámenes finales, lo que debía hacer, a dónde iría, cómo se crearía una clientela, cómo se ganaría la vida. Las veintidós palabras que este joven estudiante de medicina leyó, le ayudaron a convertirse en el médico más famoso de su generación. Organizó la mundialmente famosa Escuela de Medicina Johns Hopkins, se convirtió en el Regius professor de medicina de Oxford, lo que constituye el mayor honor que se puede conceder a un médico en Inglaterra. Fue hecho caballero por el Rey de Inglaterra. Cuando murió hicieron falta dos volúmenes con 1.466 páginas para contar la historia de su vida.

Su nombre es Sir William Osler. Aquí están las 22 palabras que leyó en la primavera de 1.871, las veintidós palabras que le ayudaron a vivir libre de preocupaciones,” Lo principal para nosotros no es lo que se haya vagamente a lo lejos, sino lo que está claramente a mano”.

Cuarenta y dos años después, en una suave noche de primavera, cuando los tulipanes florecían en sus jardines, Sir William Osler habló a sus estudiantes de la Universidad de Yale. Dijo a estos estudiantes que solía suponerse que un hombre como él, que había sido catedrático en cuatro universidades y había escrito un libro muy leído, tenía “un cerebro de calidad especial”, declaró que esto era inexacto, dijo que sus más íntimos amigos sabían que su cerebro era de naturaleza promedio.”

¿Cuál era entonces el secreto de su triunfo?  manifestó que esto era debido a lo que llamó “Vivir solo el Hoy, el ahora”, saber cerrar las puertas del pasado, de los ayeres muertos, cerrar las puertas del futuro, los mañanas no han nacido, así quedarán seguros por HOY.

Llevar hoy la carga de ayer unida a la de mañana hace vacilar al más vigoroso, el futuro es hoy, el día de la salvación del hombre es aquí ahora; el despilfarro de energías, la angustia mental y los desarreglos nerviosos estorban los pasos del hombre que siente ansiedad por el futuro.

¿Quiso decir acaso el doctor Osler que no debemos hacer esfuerzo alguno para preparar el futuro? No. En absoluto, pero continúo diciendo que el mejor modo de prepararse para el mañana es concentrarse con toda la inteligencia, todo el entusiasmo en hacer bien el trabajo de hoy.

Cristo enseñó “Dadnos hoy el pan nuestro de cada día”, en esta oración pide el pan solamente para hoy, es el único que se puede comer hoy. Hace años Jesús deambulaba sin un centavo por un país pedregoso donde las gentes se ganaban la vida de un modo muy duro, un día se congregó una multitud a su alrededor, en una montaña y pronunció lo que constituye probablemente el discurso más citado de todos los tiempos:” No sintáis ansiedad por el mañana, de lo que haz de comer, de lo que haz de beber, de lo que haz de vestir……”  No tengáis ansiedad por el mañana, porque el mañana cuidará de sus propias cosas, bástele a cada día su propio afán.

Todas las personas se encuentran en este instante en un lugar donde se encuentran dos eternidades: El pasado y el futuro, el pasado que ya no volverá y el futuro que avanza hasta la última sílaba del tiempo, no nos es posible vivir en ninguna de estas dos eternidades, ni siquiera durante una fracción de segundo, pero por intentar hacerlo podemos quebrantar nuestros cuerpos y nuestros espíritus, por lo tanto, contentémonos con vivir el único tiempo que nos está permitido vivir,  desde ahora hasta la hora de acostarnos.

Todo el mundo puede soportar su carga, por pesada que sea hasta la noche, todo el mundo puede realizar su trabajo por duro que sea durante el día. Todos pueden vivir suavemente, de modo amable y puro, hasta que el sol se ponga.

Una de las cosas más lamentable a cerca de la naturaleza humana es la tendencia de no apreciar las cosas buenas que se tienen, se sueña con un mágico jardín de rosas que se ve, allá lejos en el horizonte, en lugar de disfrutar del jardín que florece cerca de ellos.

El filósofo Griego Heráclito dijo a sus discípulos que “todo cambia, salvo la ley de los cambios” y “que no es posible entrar dos veces en el mismo rio”, el rio cambia cada segundo y otro tanto hace el hombre que entra en él, la vida es un cambio incesante.

Hay que escuchar el consejo de los sabios: Vivir cada día como si fuera el único día de la vida. Agradecer por la oportunidad que se tiene hoy de vivir.

 

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